bueno no actualizar mucho ultimamente, estoy componiendo y he empezado el cole... he terminado una canción ,,, que pienso que se llamará Notre Dame y tu... me voy a poner el día con las cosas...
he estado en en el cole,,, y me asombra ver a los alumnos que han crecido mucho... el hecho de tener la plaza fija en un sitio te permite una cosa... verlos crecer desde pequeñitos... desde los 12 años a los 18 o un poco más... es una cosa que solo te puede pasar unas 5 veces en la vida... me deprime saber eso.. pero la alegría de que se acuerdan de ti me sirve...
ahí va el texto...
Secreto número dos
El primer viaje de mi vida me llevó a Nueva Caledonia. Por tratarse el primero quería llegar al lugar más lejano de mi hogar. Reconozco haber estado muy asustado y lo aterrador que fue comprender que yo no era un viajante nato. Si seguí en éxodo fue porque conocí a Pandora Groovesnore.
Nueva Caledonia
Ella refleja la idea de mujer que ha superado a su familia, a su marido y a todos los perdedores de la tierra. ¿De qué sirve un barco si deseas al marinero que no lo tiene? ¿De qué sirve una vida si no existe vida? ¿De qué sirve un tótem carísimo de Nueva Caledonia si nunca vas a ir?
A partir de aquel día mis textos solo hablaron de Cicatrices: de una cicatriz sale una mujer, pero no lo es hasta que no se vuelve a convertir en herida. Hay mujeres que aman sólo una facultad en los hombres y esa es la beligerante falta de bondad. Si son capaces de dominarlos se convierten en la mujer más feliz de la tierra.
Pandora Groovesnore
La vi por primera vez y no supe quién era. No encontré en ella otra cosa que no fuera su poder, su dinero y su posición. Llegué a su encuentro lleno de enfermedades. La vi en dos ocasiones. La primera antes de saber qué me pasaba, y la segunda después de saber lo que nos pasaba a los dos. Los primeros días allá en Nueva Caledonia fueron terribles. Aquella humedad me estaba matando, el calor y mi mala suerte hacían el resto. Saqué fuerza una tarde y paseé por el puerto. Yo estaba vestido a la manera europea, con la vergüenza como ropa interior y con la limpieza como colores predominantes.
Me senté en un lado del muelle y escuché a dos marineros hablar sobre Pandora. Decían amar su rostro, el tabaco de su padre, los barcos de su esposo y el futuro más allá del horizonte. En esto último era en lo que se confundían.
Escuché que volvía a las 6 de la tarde de un viaje de placer y que seguro descendería del paraíso en la parte norte del puerto. Caminé febril y exhausto, me lavé la cara y corregí mi pelo en las vidrieras de una tienda de aparejos.
A las 6 en punto llegó ella, con la ropa mojada, con los labios rotos, con la mirada perdida, pero el mar estaba tranquilo, no podía haber sido una tormenta.
Me acerqué a ella y percibí el olor a tabaco, admiré la belleza de su rostro, envidié el barco de su esposo; pero al mirar el horizonte me pareció que se acercaba conforme ella andaba hacia la cuidad. Nunca podré olvidar esa primera visión, la de Pandora caminando y arrastrando el horizonte a su paso.
Se alejó. Los barcos comenzaron a retorcer sus maderas a ritmo. Volví a mi habitación y pasé allí más de dos semanas. Una tarde volví a pasear, mi ropa estaba sucia, mi vergüenza en los jirones del abrigo, mis colores eran oscuros y mi pelo se había vuelto negro. Caminé y un marinero se acercó a mí diciendo:
- Ya hace tiempo que deberías haberte ido.
- ¿Por qué?, pregunté.
- Ella se ha enamorado de ti, y nos has traído mala suerte a todos.
- ¿Quién?, le dije asustado.
- Pandora Groovesnore.
Quería encontrarla, pero lo que más me angustiaba era saber por qué se había enamorado de mí sin siquiera antes haber hablado: esas cosas no ocurren pensaba yo entonces.
Era mi primer viaje, el más lejano, el más doloroso y para entonces pensé que tenía bastante. Caminé al primer barco y pregunté si necesitaban a alguien que estuviera decidido a dejar el puerto esa noche. Me preguntaron si escapaba de algo y yo contesté que sí pero que no causaría problemas.
El barco zarpaba a las 9 de la noche y yo estaba inmóvil sabiendo que el miedo sería mi guía para el resto de los días. Tenía oxido en los pies y arena en las uñas, sabía cuál era mi enfermedad, el miedo.
Me acerqué un momento a la tienda del puerto y compré ropa limpia, quería que mi madre me viera sano al llegar a casa. Cuando salí de la tienda allá estaba ella. Esperando mi salida dándome la espalda. Se alejó despacio y yo caminé tras sus pasos como el horizonte el día en que la conocí. Mientras me llevaba a la escalerilla del barco no paró de hablar, no paro de amarme, por primera y última vez.
“¿Cuántos zapatos tienes mi amor? ¿Cuántos barcos tienes? ¿Cuántos sombreros?
Querrías saber por qué te amo, la respuesta es sencilla, porque no tienes horizonte.
Eres un miserable y yo una princesa, acostúmbrate, siempre te ocurrirá así. Yo no soy tu mujer ni lo seré nunca, pero me enamoré de ti. Acostúmbrate, siempre te ocurrirá así.
Cuantos zapatos tienes, espero que te sirvan”
Así me subí al barco y no dejé de viajar porque, a diferencia de Pandora, el horizonte no me pertenece. Siempre soñé con descansar sentado en el borde del mar. Con mi ropa limpia y mis miedos ocultos. Eso no pasó jamás, volví a casa y el horizonte se quedó quieto. Allí sentadas, semidesnudas, se quedaron Pandora Groovesnore, Soledad lokärth esperando su juicio, Morgana la medio hermana del Rey Arturo, Esmeralda con mi libro de regalo, Mélodie Gael y todas las demás…
Allí ,en el borde del horizonte donde esta la frontera entre la realidad y la ficción, se entretienen, ríen en voz alta, beben de sus copas y me llaman de vez en cuando. Hace años que dejé de buscarlas porque ellas me enseñaron los nombres de cada una de mis enfermedades. Pero sólo ellas saben lo cerca que estuve del horizonte.